Oxford Economics advierte que una guerra prolongada podría llevar el Brent a US$190 y reactivar presiones inflacionarias
Un análisis de Oxford Economics plantea que un escenario de guerra prolongada entre Irán, Estados Unidos e Israel podría desencadenar choques inflacionarios a escala global, impulsados por una crisis...
Un análisis de Oxford Economics plantea que un escenario de guerra prolongada entre Irán, Estados Unidos e Israel podría desencadenar choques inflacionarios a escala global, impulsados por una crisis energética que se trasladaría rápidamente a precios, costos y cadenas de suministro.
Tabla de contenido
- El escenario de energía: petróleo por encima de US$150 y un pico de US$190
- Tensiones en combustibles refinados y caída de inventarios
- Gas natural: presión en Europa y Asia
- Inflación global: repunte hacia niveles cercanos a 2022
- Transporte, logística y alimentos: canales de transmisión del choque
- Política monetaria: un dilema para los bancos centrales
- Perspectiva
El escenario de energía: petróleo por encima de US$150 y un pico de US$190
Según el informe, si el conflicto se extiende y el crudo supera los US$150 por barril durante al menos cuatro meses, el impacto sobre los precios sería “inmediato y no lineal”. En el escenario más adverso, el Brent podría llegar a US$190 por barril, por encima del máximo histórico observado en 2008.
Oxford Economics también proyecta que, aunque hacia finales de 2026 el precio tendería a moderarse, aún se ubicaría alrededor de US$95, un nivel superior al que se esperaba antes del conflicto.
Tensiones en combustibles refinados y caída de inventarios
El choque no se limitaría al crudo. El análisis señala que combustibles refinados como el diésel y el combustible para aviación ya estarían registrando incrementos superiores a los del petróleo, una señal de tensiones fuertes en la cadena de suministro.
En este escenario, la situación se agravaría por una reducción de oferta de hasta 20 millones de barriles diarios a nivel global. En paralelo, las reservas comerciales de petróleo caerían a la mitad en pocos meses, hasta niveles descritos como críticos.
Gas natural: presión en Europa y Asia
El mercado de gas natural también enfrentaría presión. En Europa y Asia, los precios podrían subir hasta US$30 por MMBtu, impulsados por la interrupción de exportaciones de gas natural licuado. El informe menciona una caída cercana al 20% del suministro global.
Este encarecimiento, de acuerdo con Oxford Economics, prolongaría costos energéticos elevados durante varios años, con efectos sobre la competitividad industrial y el poder adquisitivo de los hogares.
Inflación global: repunte hacia niveles cercanos a 2022
La principal consecuencia macroeconómica descrita es un repunte de la inflación mundial. Oxford Economics estima que los precios globales podrían escalar hasta 7,7%, cerca del máximo registrado tras la pandemia y la crisis energética de hace cuatro años.
En economías avanzadas como Estados Unidos y la eurozona, la inflación superaría el 6%, impulsada por el encarecimiento de la energía, mayores costos de transporte y disrupciones logísticas. Aunque el informe proyecta una moderación gradual hacia 2027, advierte que el golpe inicial mantendría presiones inflacionarias durante varios trimestres.
Transporte, logística y alimentos: canales de transmisión del choque
Oxford Economics subraya que el impacto se extendería más allá de la energía. El informe recuerda que cerca de dos tercios del petróleo mundial se destinan al transporte, por lo que una escasez de combustibles tendría efectos inmediatos sobre la movilidad de bienes y personas.
En el escenario descrito, los costos del transporte marítimo, que ya se habrían duplicado, podrían volver inviables ciertos envíos, agravando cuellos de botella en las cadenas de suministro.
La inflación de alimentos aparece como un canal clave: el aumento del precio del diésel y de los fertilizantes elevaría los costos de producción agrícola, mientras que la escasez de insumos y menores rendimientos presionarían los precios finales. El informe indica que esto afectaría con especial fuerza a países importadores netos de alimentos y energía, y también a economías exportadoras por el deterioro del consumo interno.
Política monetaria: un dilema para los bancos centrales
El contexto descrito plantea un dilema para la política monetaria global. El análisis señala que entidades como el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra podrían verse obligadas a responder con alzas de tasas de hasta 100 puntos básicos para contener expectativas de inflación.
En contraste, la Reserva Federal priorizaría el apoyo a la actividad económica ante el deterioro del empleo, optando por recortes de tasas. Para Oxford Economics, esta respuesta dispar reflejaría la tensión entre combatir la inflación y evitar una recesión profunda.
El informe también advierte que un desanclaje de expectativas inflacionarias podría elevar los costos de financiamiento a largo plazo y aumentar la volatilidad en los mercados financieros, amplificando el impacto del choque energético.
Perspectiva
Este caso muestra cómo un choque energético, cuando se combina con tensiones en combustibles refinados, inventarios en descenso y disrupciones logísticas, puede trasladarse con rapidez a la inflación. El análisis de Oxford Economics no se queda en el precio del crudo: conecta el encarecimiento de la energía con el transporte, la disponibilidad de insumos y el costo de mover bienes, elementos que terminan afectando el nivel general de precios.
En este contexto se observa un riesgo adicional: la respuesta de política monetaria no sería necesariamente uniforme. El informe plantea un escenario en el que algunos bancos centrales se inclinarían por subir tasas para contener expectativas, mientras otros priorizarían sostener la actividad económica. Esa divergencia, por sí sola, puede añadir complejidad a la lectura de mercados y a las decisiones de financiamiento, especialmente si aumentan la volatilidad y los costos de largo plazo.
La lección principal es que, ante un shock de energía, el foco no está solo en el barril: también importa la cadena completa que conecta combustibles, logística y alimentos, y la capacidad de las autoridades para evitar que las expectativas de inflación se desanclen.


