Augusto Solano deja la presidencia de Asocolflores tras 25 años y el gremio se alista para enfrentar aranceles y retos logísticos
Augusto Solano anunció su salida de la presidencia de Asocolflores tras 25 años al frente del gremio. Su reemplazo será una mujer, cuyo nombre se conocerá en los próximos días, y recibirá una agenda...
Augusto Solano anunció su salida de la presidencia de Asocolflores tras 25 años al frente del gremio. Su reemplazo será una mujer, cuyo nombre se conocerá en los próximos días, y recibirá una agenda marcada por presiones comerciales, costos internos y cuellos de botella logísticos que, según el propio Solano, hoy condicionan la competitividad del sector.
Tabla de contenido
- Hechos clave de la salida y el relevo
- Exportaciones, mercados y certificación
- El regreso del lobby y el foco en los aranceles
- Presiones internas: tasa de cambio, costos e impuestos
- Logística y Aeropuerto El Dorado: un cuello de botella
- Plan Pétalo y coordinación operativa
- Impacto social y cifras del sector mencionadas por Solano
- Momentos retadores: revaluación, pandemia y crisis diplomática
- Lo que viene para Solano
- Perspectiva
Hechos clave de la salida y el relevo
La salida ocurre pocos meses después de que Solano ingresara al Salón de la Fama de la Society of American Florists (SAF), descrito como el mayor reconocimiento de la industria floral a nivel internacional. En su balance, sostuvo que durante su gestión se buscó posicionar la floricultura en distintos mercados y consolidar a Asocolflores como una asociación “respetable” y aliada de organizaciones en el exterior.
Exportaciones, mercados y certificación
Solano afirmó que las flores colombianas tienen presencia en más de 100 países. También señaló que, en el periodo mencionado, las exportaciones pasaron de 580 millones de dólares en el 2000 a 2.400 millones de dólares el año pasado.
Entre los elementos que resaltó está la certificación Florverde Sustainable Flowers, que, según explicó, exige altos estándares de sostenibilidad acordes con lo que demandan los mercados a los que llega el producto.
El regreso del lobby y el foco en los aranceles
Uno de los puntos centrales de su mensaje fue el trabajo de gestión ante autoridades y actores externos para mantener condiciones de acceso a mercados. Solano dijo que Asocolflores ha sido el gremio que “de lejos” más lobby ha hecho en Estados Unidos y Europa.
Recordó que, antes del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, existían preferencias arancelarias unilaterales que se renovaban cada año el 31 de diciembre, lo que generaba incertidumbre para ventas asociadas a la temporada de San Valentín. Según relató, durante 20 años el gremio contó con abogados que viajaban de forma permanente para lograr la renovación de esas preferencias, acompañando al Gobierno, pero trabajando de manera independiente.
Solano indicó que, después de 10 o 12 años, el gremio “tuvo que volver” a Washington. Señaló que hace apenas dos meses viajaron con un grupo de floricultores para buscar una salida a la situación actual, en la que el arancel vigente es de 10%.
En su lectura, el objetivo es aprovechar el momento en que “se empezaron a dar las excepciones” y evitar que el arancel suba a 15%. También afirmó que el Gobierno colombiano ha sido “muy lento” en este proceso. Sobre Ecuador, mencionó que tiene un arancel de 15% y que fue el primero en llegar el año pasado a decir que quería negociar.
Solano agregó que la actual ministra Diana Marcela Morales dijo que quiere negociar, pero que, según su percepción, el tema “no se ha movido prácticamente nada” y que hay complejidades asociadas a los llamados “irritantes”.
De acuerdo con sus cálculos, los aranceles pagados por el sector para ingresar a ese mercado llegaron a 200 millones de dólares el año pasado. Aun así, aseguró que el sector ha logrado manejarlo, aunque advirtió que el escenario se vuelve más difícil al sumarse otros factores.
Presiones internas: tasa de cambio, costos e impuestos
Solano enumeró varios elementos que, en conjunto, elevan la presión sobre la floricultura: la revaluación del peso colombiano, el aumento de 23% del salario mínimo y el impuesto al patrimonio que, según dijo, “acaba de poner el Gobierno”.
También mencionó la dificultad de encontrar mano de obra, el crecimiento de los impuestos y limitaciones por el uso del suelo en la Sabana de Bogotá.
Sobre el riesgo de un arancel de 15%, afirmó que sería “fatal” para el sector. Explicó que parte del costo podría trasladarse al consumidor, pero no mucho, porque las flores compiten con otros productos como chocolates, perfumes o vinos, y un aumento fuerte de precio afectaría el consumo.
Logística y Aeropuerto El Dorado: un cuello de botella
La logística apareció como una preocupación recurrente. Solano dijo que la floricultura es “50% agricultora y otro 50, logística”, por la necesidad de conservar la cadena de frío y llegar a tiempo a destinos que mencionó como Estados Unidos, Japón o Australia.
En ese frente, expresó inquietud por la terminal de carga del Aeropuerto El Dorado, que, según afirmó, es la misma pese al crecimiento del sector. Indicó que en temporadas como San Valentín y el Día de la Madre la operación se triplica y que, en días pico, suelen salir 50 vuelos diarios, por lo general en la noche. Para Solano, se requiere una solución y sostuvo: “Necesitamos uno nuevo, pero no dentro de 20 años, sino ya”.
Plan Pétalo y coordinación operativa
Solano destacó el funcionamiento del “Plan Pétalo”, concebido hace 20 años, como un mecanismo de coordinación para que las flores lleguen en buen estado a su destino. Señaló que articula a entidades como Antinarcóticos, la Dian, el ICA, las aduanas y las aerolíneas.
Según explicó, esta actividad nació desde el primer día con el objetivo de venderle a Estados Unidos, y por eso se apostó por altos estándares internacionales y por la formalidad, no solo laboral, sino en permisos y trámites relacionados con la operación.
Impacto social y cifras del sector mencionadas por Solano
En su balance, Solano resaltó el impacto social del sector, con empleo formal, especialmente para mujeres, además de programas de bienestar y trabajo con comunidades.
También entregó cifras sobre empleo y área: dijo que se generan 16 empleos por hectárea, que la actividad se realiza en 11.000 hectáreas y que esto se traduce en 2.400 millones de dólares y 240.000 empleos, de los cuales 140.000 son formales.
Momentos retadores: revaluación, pandemia y crisis diplomática
Solano mencionó como momentos especialmente exigentes los años prolongados de revaluación a comienzos de los 2000 y la pandemia del covid-19. También habló de dificultades fitosanitarias y de una crisis diplomática con Estados Unidos.
Sobre la pandemia, relató que, cuando se frenaron los vuelos a Europa, el gremio diseñó un protocolo para proteger a los trabajadores y se lo presentó al entonces ministro de Salud, Fernando Ruiz, quien lo aceptó. Según dijo, esto permitió seguir trabajando y evitó que se perdieran los cultivos, ya que, en su explicación, si se abandonan, las plagas los afectan.
Agregó que la pandemia impulsó el consumo de flores, porque personas en Estados Unidos y Europa las compraban para sus casas, no solo en temporadas. Afirmó que el sector creció a un ritmo de 20%, cuando lo normal es 3% o 5%, y que, tras la pandemia, ese comportamiento no se revirtió.
Lo que viene para Solano
Solano dijo que tomará un “break” que no había tomado en su vida laboral, para dedicar más tiempo a su familia y a sí mismo. También afirmó que aún le queda “millaje por recorrer”, aunque “a otro ritmo”, y que espera ver qué rumbo toma el país y qué oportunidades se abren.
Perspectiva
Este caso muestra cómo, incluso con una trayectoria de expansión a más de 100 mercados y un crecimiento exportador relevante, la sostenibilidad de un sector puede depender de variables que no controla directamente. En el relato de Solano, el frente comercial vuelve a ser determinante: el regreso a Washington y la preocupación por un posible aumento arancelario reflejan que el acceso a mercados no es un logro permanente, sino un proceso que exige gestión continua.
En este contexto se observa una tensión clara entre competitividad y costos. La combinación de aranceles, tasa de cambio, costos laborales e impuestos aparece como un paquete de presiones simultáneas que reduce el margen de maniobra. A eso se suma un componente operativo: la logística no es un complemento, sino parte central del negocio, y los límites en infraestructura de carga se convierten en un riesgo directo para cumplir tiempos y mantener la cadena de frío.
También queda una señal sobre gobernanza sectorial: mecanismos como el Plan Pétalo, basados en coordinación entre entidades y actores privados, se presentan como una herramienta práctica para sostener la operación en temporadas críticas. La transición en la presidencia llega, así, con retos concretos y medibles, más que con discusiones abstractas.


