Arte Chamí, marcado por la tragedia



Si alguien en este país sabe de sufrir los rigores de la violencia y lo que es ser marginados por un Estado y por una ciudadanía que en ciertos momentos desconoce sus raíces, son los indígenas de Colombia que a pesar de los aportes culturales y el trabajo por la identidad, son olvidados por una Colombia que es excluyente.
La historia de Marialina Aizama,  una indígena embera chamí, puede ser un reflejo claro de lo que son los flagelos más sufridos por la inmensa mayoría de los indígenas en Colombia, que se ven en la obligación de abandonar los asentamientos en Chocó, debido a que no podían cultivar sus tierras, y al no permitirles la tala de bosques para siembra de los cultivos para el sostenimiento de sus familias. El padre de esta mujer, al ver la difícil situación y al no poder cultivar se vio en la obligación de abandonar estas tierra y asentarse en el Caquetá, en un vereda llamada Honduras en la cordillera del Bodoquero.
Parecía que por fin habían encontrado un sitio donde continuar con sus tradiciones, y vivir en condiciones pacíficas, hasta que a esta zona tranquila llegó las guerrillas que se movilizaba por estos sectores, amenazan a Marceliano Aizama y asesinan a otro líder indígena, lo que genera miedo y zozobra en el cabildo y en la familia debido a las amenazas de muerte, no quedaba otra solución que nuevamente abandonar las tierras, pero esta vez el cambio sería radical, se desplazarían a la ciudad de Florencia.
Ahora la pregunta que surge es ¿de qué puede vivir una familia indígena en la ciudad?, alguien pudiera pensar que la manera más fácil sería vivir de pedir dinero y producir lastima, pero este no es el caso de Marialina Aizama, que encontró una manera de mantener en parte sus raíces ancestrales aprendidas de sus padres viviendo en la ciudad, de esta forma aprovecha el conocimiento cultural y artístico y empieza a elaborar productos que son adornos en la cultura chamí y los ofrece a los citadinos.
Muchos de estos adornos tienen un significado cultural, y en otros casos tienen la energía protectora de los indios chamí, quizá esta sea una de las cosas que genera un gran interés en los ciudadanos que ven estos accesorios como amuletos de protección y a la vez como elementos de decoración, algunos se interesan más en el misticismo de los productos en un país que está lleno de agüeros, pero que de manera extraña desconoce las raíces, pero que cuando se trata de buscar protección en productos indígenas no se avergüenzan de usarlos.
La elaboración de estos adornos como realmente lo llaman los embera chamí, puede durar días, meses, todo depende de lo que se quiera hacer, si es un azabache, un collar, cada uno de estos accesorios tiene una razón de ser, algunos son usados en celebraciones especiales, otros para adorar a los dioses chamí, pero independientemente de cual sea, tienen cientos de años de historia y con un gran arraigo ancestral.
La capacidad creativa y artista de los embera chamí es infinita, trabajan la madera, la chonta, hacen bastones como lo llaman ellos, que tienen un gran significado y podemos observar flechas que eran utilizadas en las labores de la cacería, ahora son más decorativas y ya no cumplen las mismas funciones que le daban los ancestros chamí. Algo que llamó la atención es lo que mencionó Marialina de Aizama, “la gran mayoría de gente que compra desconoce lo que significa lo que llevan, simplemente lo hace porque les parece bonito o porque está de moda”.
Es muy interesante ver la lucha constante que tienen a pesar de que no están en su territorio, por mantener su cultura y seguir compartiendo sus raíces con los ciudadanos.
Faiver Susunaga


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